El jueves 25 se llevó a cabo el tradicional acto patrio en conmemoración del 207º aniversario de la Revolución de Mayo. “La clave es ayudarnos a entender que aún en la diferencia, se pueden desear muchas cosas que nos movilicen, como fue el anhelo de los hombres de Mayo”, expresó el intendente Norberto Gizzi.

Organizado por los tres niveles de la Escuela San José en la plaza 9 de Julio, con la asistencia de muchas familias y vecinos de la ciudad, durante la mañana de un nublado 25 de mayo, se llevó adelante el acto que recordó el Día de la Patria.

Tras las palabras de la directora de nivel inicial de la institución, Mónica Pigliapoco, en su discurso, Gizzi hizo referencia a los “deseos” que movilizaron a los hombres de Mayo y trasladó ese anhelo a estos días, destacando la importancia de que la sociedad tenga “deseos” que generen cambios que ayuden a crecer.

“El deseo es ese anhelo que pretende que algo ocurra, o hasta que deje de ocurrir. ¿Y cómo se hace para volverlo acción? Para movilizar, para transformar. Si hay algo que necesita del deseo para cumplir con lo anhelado, eso es la revolución.

Para cambiar rápidamente un estado de cosas y de manera profunda, para rebelarse popularmente frente a un status quo, es necesario el deseo. Era necesario el nacimiento de algo que trascendiera a la época, era necesario el nacimiento de la Patria, de nuestra Patria.

Cuando me toca asistir a esta clase de actos, o cuando comparto un espacio al menos por un momento, con niños y jóvenes como estoy viendo hoy en este lugar, pienso: ¿Qué lo movilizará? ¿Cuál será ese motor que tienen encendido o a punto de encender que los moviliza? ¿Cuáles son sus deseos y cómo se sienten con ellos?

A su vez, no estoy hablando de vivir revolucionados, que eso es otra cosa, ni tampoco que pretendamos ser revolucionarios a toda hora. De vivir revolucionando las cosas. La salud de un pueblo depende en gran medida de un equilibrio, de compartir, de saber vivir en la diferencia sin emitir juicios por ser diferentes. En tiempos de etiquetas sociales, no necesitamos desear lo mismo, alcanza con ayudarnos a entender que aún en la diferencia, se pueden desear muchas cosas que nos movilicen, que nos hagan mejores personas, que nos hagan crecer.

Quiero hacer uso, o al menos citar una parte, de un hermoso relato que escuché el último viernes durante el acto de cierre de los 115 años de Villa Cañás en el Centro Cultural, y que tiene que ver con lo que somos y con lo que hacemos con aquello que somos.

´Un pueblo está hecho, sobre todo, de un acervo sensible, o sea, ese conjunto de valores culturales acumulados en la historia; de ese capital simbólico que nos identifica y genera, como ninguna otra cosa, un sentido de pertenencia. Un pueblo está hecho de la vida secreta que cada uno teje en su casa, en sus ámbitos cotidianos; está hecho de los vínculos con los vecinos, con los compañeros de la escuela y, además, de la particularidad que circula en todo ese devenir…´

Todos, como argentinos, estamos hechos de todo eso y compartimos esa condición. Habitamos un territorio que nos pertenece y que defendemos; nos identificamos, usamos una lengua, y así se podrían enumerar muchas cosas más. Pero sobre todas las cosas, alimentamos, cada uno desde su lugar, desde su pueblo, ese sentimiento.

Si hoy, después de 207 años estamos acá, es porque hubo un deseo, una revolución, una ilusión, que movilizaron a un pueblo a querer empezar a sentir, en definitiva, empezar a sentirse argentinos”.

Música y baile

Cabe resaltar que el acto contó con una representación artística con música y danza de la que participaron los tres niveles del colegio. Al finalizar, se ofrecieron los tradicionales y alusivos “pastelitos”.

DSC_7776 DSC_7763